Cuando un amigo se va

Cuando un amigo se va

Hace apenas diez días que Joaquín Salvo Pastor (Vigo, 31 de marzo de 1958- Vigo, 8 de junio de 2016) se nos fue en su tencontén contra el tumor cerebral diagnosticado a finales del  verano pasado. A decir verdad, yo todavía sigo sin asumirlo, quizás porque pertenezco a su misma escuela, en la que “rendirse no es una opción”. Así solía Quino alentar a sus compañeros de juego y a sus pupilos a la hora de enfrentarse a cualquier batalla, siempre con mentalidad de “Guerrero”.

CaoofQTWEAAv2W9
Quino Salvo en su etapa de jugador del Forum Filatélico de Valladolid (1984-1989)

No me es fácil transmitir lo que personalmente está significando su marcha para mí, porque este hombre fornido, un “Hércules”de la canasta, héroe de masas con sonrisa de niño, era uno de mis tesoros escondidos.

A finales de los 70 y principios de los 80 compartimos espacio y tiempo en mi ciudad de Zaragoza, bueno, casi más suya que mía, pasillos en la Escuela de Magisterio, deseos de victoria en las canchas, sueños por cumplir, encuentros, desencuentros, y de modo poco convencional mucha conexión, más allá de la distancia e incluso del olvido.

Confieso que le hubiera seguido a cualquier lugar, pero me dió miedo. Aunque parezca absurdo, algunos lo tenemos, en especial al amor y al éxito y Quino entonces rebosaba estos dones por los cuatro costados. Era un líder nato, capaz de transformar la vida a su paso, una estrella con luz propia que renunciaba a su brillo para cederlo al que lo necesitara. Su grandeza no consistía sólo en su fortaleza física y mental, sino en lo que albergaba en su corazón. Ahí era imbatible.

A primeros de mayo me enteré de su dolencia de un modo “causal”, de los múltiples homenajes que se habían celebrado en el mes de febrero en los lugares donde destacó como jugador y entrenador. Se encontró con miles de personas aplaudiendo su presencia, compañeros y leyendas del mundo del basket, familiares y amigos vitoreando su nombre, todos al son de “Quino, Quino, Quino”, con la intención de animarle a vencer al intruso que se lo ha llevado.

13417551_10209821687447478_2649632077665540863_n
Quino recibiendo los regalos de sus compañeros del Obradoiro Santiago en el homenaje de Valladolid el 7 de febrero de 2016

No estaba solo. En un equipo de baloncesto hacen falta al menos cinco, pero Quino llenó los pabellones y los estadios que le homenajearon gracias a un amigo incondicional que siempre estuvo a su lado, dentro y fuera de las canchas. Julio Bernárdez ha sido el artífice de que haya brillado hasta el final, un ejemplo para todos los que fuimos tocados por la magia del amor de Quino, al que nunca olvidaremos.

 

12705379_10208737790670736_674949321984886248_n
Julio y Quino. Foto cedida por Julio Bernárdez

Desafortunadamente no pude despedirme de este hombre excepcional, con un corazón gigante, al que conocí y como muchos también amé. Dicen que el amor nunca muere…

emotivo-adios-quino-salvo-3_g
Imagen del funeral de Quino Salvo publicada en El Faro de Vigo

 Desde este humilde homenaje, con el dolor de su partida y la esperanza  de que exista un cielo donde reencontrarnos, os recuerdo que sí se cumple lo de que:

                 “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”

                                            IN MEMORIAM

 

 

Anuncios