Emulando a Hemingway y el título de su novela sobre París, la Carrera de San Jerónimo era una fiesta. La XI sesión constitutiva del Congreso de los Diputados de España será recordada por la ruptura de moldes. La Cámara Baja de las Cortes Generales cuenta  con 212 diputados nuevos de los 350 que la componen, junto con una mayor representatividad de mujeres; han entrado desempleados, más  jóvenes y universitarios, aunque pocos o ningún obrero, también nuevos grupos parlamentarios, y lo crucial, ha habido consenso en la elección de un Presidente de la Asamblea, que por primera vez en nuestra democracia no pertenece al partido mayoritario, Patxi López (PSOE), y cuyas declaraciones no dan lugar a dudas sobre su confianza en presidirlas durante toda la legislatura.

Al hemiciclo, algunas de sus señorías han llegado en bici, otros con banda sonora, los ha habido sin traje, ni corbata, con rastas, alguno con coleta, y una diputada hasta con su bebé a cuestas. Los que han llegado tarde se han encontrado sin asientos, y los más novatos han utilizado sus escaños de guardarroperos. Un diputado ha sido relegado al gallinero por imputación, y un par de los antiguos han cambiado de siglas y hasta de banquillo. Las promesas y juramentos se han alargado más del tiempo necesario. A la fórmula habitual de sí prometo o juro se han unido diversas manifestaciones de lenguas y hasta la de signos. Lo dicho, el Congreso en pleno espectáculo.

Superados el primer pacto y el surrealismo de la puesta en escena de Podemos, Rajoy (PP) está seguro de que podrá formar gobierno, y yo añado, si le dejan. Rivera (C’s) se ha estrenado después de haber hecho virguerías en los días previos, para que los unos y los otros cedieran. Iglesias (Podemos) se ha resistido y se ha parapetado en su idea de que o le conceden conformar cuatro grupos parlamentarios o con él que no cuenten. Sánchez (PSOE) sueña con llegar a ser presidente a toda costa, mientras Artur Mas renunciaba en un lugar del Mediterráneo a su escaño de la Generalitat, para desaparecer en esta ocasión por los dos costados, no se sabe si para siempre.

Mientras tanto, la Cámara Alta, la del Senado, se ha constituido con mayoría absoluta del Partido Popular, sin pena, ni gloria. Aunque algunos parlamentarios propugnan hacerla desaparecer, en esta legislatura va a cobrar un protagonismo especial, dado que toda ley o su modificación deben pasar por su tamiz, por lo que auguro larga vida al Senado.

Tras la tensión de la investidura de Carles Puigdemont como nuevo Presidente de la Generalitat de Cataluña el pasado martes, este 13 de enero nos ha brindado un miércoles relajado, siendo testigos de cómo la casa parlamentaria de todos los españoles era un hemiciclo de colores y lleno de jolgorio. Los del círculo de Podemos estaban disfrutando, mientras que a los de siempre se les notaba sorprendidos e incómodos. Un poco de juventud y alegría no nos va a venir mal, y lo diverso nos puede deparar gratas sorpresas, o no.

Los tiempos siguen cambiando. Evolucionar en conjunto y de un modo democrático nos honra. Aceptar que hay que dar paso a nuevas ideas, rituales, y nuevos ropajes, también, aunque todo esto no implica que haya que renunciar a lo mejor de nosotros mismos con respeto, tolerancia y educación, sino que más bien nos compromete a trabajar desde hoy para intentar sanar a España de una crisis vital sin precedentes y poder reconvertirla en una nación unida y fuerte.

En múltiples ocasiones históricas han prevalecido nuestras confrontaciones frente a la unidad nacional, avocándonos a nuestra propia destrucción, en beneficio de otras, como Francia, Alemania, Inglaterra, e incluso los Estados Unidos de América, que supieron aprovechar esos momentos históricos llenos de debilidad nuestra para trasladarnos a los infiernos, tal y como ocurrió con el Desastre del 98 y posteriormente con la Guerra Civil del 36.

No soy adivina, ni lo pretendo. No alcanzo a vislumbrar si nuestro Estado se convertirá en uno federal, si continuará  igual, al amparo de la Constitución de 1978, con sus 17 Comunidades Autónomas, o si al final se cumplirán los sueños independentistas de unos cuantos. La denominada Transición Española la pasamos con Matrícula de Honor en 1978 y  quizás esta Nueva Era Multicolor nos brinde una nueva oportunidad de mejorar nuestro sistema político sumando fuerzas y no restando.

¿Qué será, será?…

 

 

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