Al parecer, el efecto “Pinocho” ha invadido las promesas de algunos recién llegados a la política, que donde dijeron digo, ahora dicen Diego.

Vemos cómo se contrata sin pudor a parientes cercanos para hacerles su trabajo, no se bajan el sueldo, limpian de mendigos la ciudad, no expulsan a imputados y procesados, no van ni en bici, ni en taxi, no persiguen a delincuentes, aunque viajen en Metro, cambian cuadros de reyes, como si fueran cromos, pactan con los que se suponían contrarios, siguen permitiendo desahucios, proponen que cooperativas de madres y padres limpien suelos, y así podríamos seguir con sus recetas, hasta que nos suban los impuestos, en vez de bajarlos, y pacten con el mismísimo diablo.

La vacuna para erradicar esta epidemia vírica, y conseguir que sus narices vuelvan a recuperar su tamaño, está siendo financiada por un fondo buitre para abaratar costes al ciudadano.

¡Ay señor, señor, y yo que pensaba que proclamaban un cambio!

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